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lunes, 3 de noviembre de 2014

Tres cuentos de Mujica Laínez en Misteriosa Buenos Aires

Misteriosa Buenos Aires
EL HAMBRE: en 1536, dentro de los muros de la primitiva Buenos Aires, los habitantes se mueren
de hambre. Por la noche un joven enloquecido por el hambre ataca a un hombre creyendo que es un
odiado enemigo y lo debora, pero en medio del frenesí se da cuenta que ha matado y comido a
su propio hermano.

EL PRIMER POETA: un clérigo busca por las calles de la primera Buenos Aires alguien que quiera
escuchar sus versos. Tras ser rechazado por varios vecinos se dirige, en última instancia, al
lupanar del Pueblo. Allí es burlado por unos piratas italianos y luego herido, escapando de la
muerte apenas por intercesión de la matrona. Sangrando, humillado, lee su poema frente al río,
para la luna, los árboles y el agua.

LA SIRENA: una sirena baja por el Paraná enterada de la llegada al Río de la Plata de unos hombres
de piel blanca. Espera encontrar, a pesar de la burla de los animales, un ser igual a ella. Al
acercarse al barco ve, en la proa, un hombre con tridente que es como una sirena: se trata del
mascarón. La sirena canta para atraerlo, pero no obtiene respuesta. Desesperada trepa al casco del
barco y abraza al tritón inmóbil, sin darse cuenta que se ha clavado el tridente en el cuerpo. El
mascarón se desprende por el peso de la sirena y ambos caen al agua, y abrazos se hunden en el río.

viernes, 17 de abril de 2009

Los laberintos de Borges



Hace unos días charlaba con un amigo acerca de la metáfora de los laberintos en la obra de Borges, y este amigo me decía que era un paradigma de la soledad existencial del ser humano.

Esta afirmación me dió qué pensar, porque en realidad no estoy de acuerdo con esto. Yo creo que a Borges no le importaba tanto este aspecto del laberinto sino sus razones metafísicas. Es más, la soledad es propia del Minotauro, no del laberinto. Este represena otra cosa: un universo en sí, que tiene un orden y un motivo, pero ese orden y ese motivo no son visibles para su habitante, que lo persive como un caos. El laberinto es, para Borges, una construcción que prefigura un creador, un orden, y una finalidad.

En este sentido, podemos compararlo con la ciudad, que Borges describe en el cuento "Los Inmortales", y que está dominada por el caos. Las escaleras terminan en el abismo, las ventanas no dan a ningún lado, los pasillos y las puertas no conducen muchas veces a ninguna parte. En el laberinto es diferente, su obra es perversa e incomprensible, pero no es caotica (es lo opuesto, de hecho). Si existe una puerta, es para entrar a otro recinto, si existe una escalera, hay un lugar para subir.

El laberinto es, visto así, una hermosa metáfora de una posible interpretación del Universo